Pasaje 17

Paisaje Adyacente

10 de mayo al 8 de junio de 2017
Artistas que participan en la muestra:

Federico Carbia
Gabriela Böer
Luciana Arditto
Pablo Morgante
Valeria Calvo



Muchas veces las palabras no alcanzan para describir la sensación que algo nos produce “adentro”. La misma noción de un adentro en oposición a lo que está afuera, es limitada, pero la usaremos en este texto sólo como excusa, reconociendo su artificialidad. En filosofía se habla de esencias, de la sustancia de la cosa, de su identidad como uno de los elementos más conflictivos en relación al lenguaje y la razón. Eso que es igual a lo irreductible de algo, esa intimidad de cada ente que existe, no puede ser confundido con la suma de sus cualidades dado que la experiencia es siempre mucho profunda e insospechada. Siguiendo esta línea, el lenguaje que empleamos comúnmente para nombrar lo que nos rodea no alcanzaría a mostrar esas intimidades de la vida de cada cosa –a lo sumo, nos permite aludir a ellas. Y sin embargo, seguimos relacionándonos todo el tiempo con cosas, personas y experiencias a través del lenguaje.

“Pensemos –señala el filósofo Ortega y Gasset– en lo que significaría un idioma o un sistema de signos expresivos cuya función no consistiera en narrarnos las cosas, sino en presentárnoslas como ejecutándose. Tal idioma es el arte: eso hace el arte. El objeto estético es una intimidad en cuanto tal -es todo en cuanto yo”.

El arte, en la argumentación de Ortega y Gasset –que me veo tentada de adjetivar de plástica por estar plagada de imágenes y ser absolutamente desbordada–, es aquel lenguaje que nos permite rozar la materia interna de las cosas porque las hace “hacer”: el arte ejecuta esencias, produce en aquel que lo percibe una reacción subjetiva y una actitud emocional. Vale decir, cuando estamos frente a una obra de arte seríamos capaces de apropiarnos de la intimidad de eso percibido, por eso nos emocionamos. Y la trampa está aquí: cuando te apropias de algo, ese algo también lo hace de vos. Percibir es también un intercambio.

A simple vista, Paisaje adyacente es una exposición de artistas abstractos. Sin embargo, sabemos que en la actualidad esta categoría señala muy poco dada su expansión en múltiples usos de lo abstracto y de nada sirve una clasificación si deja de ser funcional, de limitar un poco la multiplicidad de intuiciones que nos proporciona la sensibilidad. Si algo todavía nos permite el término abstracto es pensar en dos direcciones complementarias. Por un lado, para entenderlo como una forma de relación con el proceso de creación del artista: más allá de un ejercicio formal, la abstracción es una metodología de investigación, una forma de construir, hablar del mundo y ofrecer miradas. Por otro lado, la abstracción sigue siendo el lenguaje más poderoso para poner en escena situaciones pre-lingüísticas vinculadas a lo propiamente plástico: las fuerzas y tensiones que ofrecen la maestría y los ensayos en lo compositivo; al ritmo mientras éste sea tanto una característica musical como plástica; la incomodidad, el desajuste, de un contrapunto cromático o la profunda espiritualidad que descansa en una paleta armónica.

Las obras de esta exposición hacen ver, ejecutan, ciertas intimidades plásticas –en el sentido de las esencias que señalaba arriba Ortega y Gasset– a partir de distintas estrategias que sólo por comodidad llamamos abstractas. En su conjunto, las obras exhibidas pueden ser interpretadas como un paisaje –Paisajes adyacentes– de una diversidad no menor. El título nos sirve menos para pensar la idea clásica de una vista lejana de un territorio, que para aludir una variedad de relaciones de tránsito entre lo urbano, el cuerpo humano y el mundo interior del que crea y es creado.



Mariana Rodríguez Iglesias
Nuñez, otoño 2017


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