Pasaje 17

Ana Luisa Bondone

“Para el viajero, hablar del paisaje debe ser tomado en dos sentidos: Sobre el paisaje y a partir del mismo. Ya que el paisaje comprendido en su espacio geográfico es un lugar y no una representación. Por el contrario, la imagen del paisaje es siempre una representación; incluso cuando utiliza un referente topográfico tridimensional...” Mathieu Kessler (El paisaje y su sombra)
La valoración del género paisajístico, considerado durante años en la pintura occidental como el de menor jerarquía, recibió su tardía y polémica consagración a medidos del sXIX con los artistas románticos primero y luego con los impresionistas. Si bien existía el antecedente de su práctica en los Países Bajos, es en ese siglo donde adquiere el rango y la autonomía que posteriormente disminuirían los experimentos de las vanguardias.
Ese siglo también verá surgir los pintores viajeros, con su deslumbrada visión de la inmensidad, variedad y exotismo del espacio geográfico americano. El paisaje será, para estos viajeros inmersos en la exaltación romántica, la excusa válida para expresar los sentimientos que lo extraño y pintoresco provocaban en sus obras, pero también atraídos por el rigor del positivismo científico realizarán un minucioso inventario de los más pequeños detalles de la flora, la fauna y todo aquello que la naturaleza americana les ofrecía como novedad formal.
Heredera de esta doble actitud, la obra de Ana Luisa Bondone acusa desde su condición de artista contemporánea, renovadas líneas de lectura de ese paisaje ahora recortado por la geometría urbana, envuelto en la trama de las rutas y tendidos de cables aéreos y sometido a las más variadas operaciones de modificación, desplazamiento y borradura. Frente a este espacio geográfico, la artista decide el registro virtuoso del plein air, cita y homenaje a la pintura de caballete que le antecede, pero, al fragmentar el gesto y al señalar la precariedad de mismo, modifica radicalmente el sentido del registro y lo convierte, ya no en exaltación de lo percibido sino en interrogante sobre su misma existencia. El lenguaje adoptado por Ana Luisa Bondone adquiere de esta manera un rasgo netamente conceptual aunque la apariencia de sus obras y los recursos expresivos elegido sean los de la tradición . Pese a su familiaridad con la idea monetiana de incorporar la temporalidad por medio de series, que registran el paso de las horas o las estaciones, estos “calendarios” nos descubren otras urgencias en el tiempo de la naturaleza, que ya no están frente a nosotros sino que se revelan como parte constitutiva de nosotros mismos .Y plantar la mirada en consonancia afectiva con lo mirado, en indicar sin llegar a tomar la distancia superficial del turista o la desaprensiva del especulador inmobiliario y menos aún, no conceder a las convenciones de los sistemas de representación otro lugar que su condición de mediadores, convierte a estas obras en un sutil campo de reflexiones estéticas y políticas.
Ese saber y ese saber hacer también están presentes en estos cuadernos de viaje, ese sustrato de microscópicos apuntes, anotaciones de un color, un lugar y una hora, llevados con la pasión y la introspección que la práctica artística nos reclaman. En ellos, además, percibimos que detenciones morosas y miradas urgentes pueden ser parte sustancial en el equipaje de ese otro itinerario, el que nos lleva el tiempo de nuestras vidas.
Héctor Medici, Curador

ANA LUISA BONDONE

• Vive y trabaja en Córdoba.
Artistas que participan en la muestra:


BARTOLOMÉ MITRE 1559 | Lunes a viernes de 11 a 19hs | BUENOS AIRES | ARGENTINA | TEL: 4371-1651 | espaciodearte@ospoce.com.ar