Pasaje 17

Retratos

El desarrollo histórico de un género como el del retrato, está vinculado a la demanda de perpetuar imágenes de personas con determinados atributos portadores de algún valor, no sólo estético, sino también social, político o cultural. Implica así mismo la habilidad de los artistas en destacar ciertos rasgos individuales que permiten asociar al modelo retratado con esos atributos y sobre todo, otorgar a la réplica de ese sujeto una extrema veracidad.

Esto conlleva algunas normativas y ciertas contradicciones, que ilustran varias anécdotas como la frase atribuida a Miguel Ángel respondiendo a aquel que señala el poco parecido fisonómico de sus retratos en las tumbas de los Medici : “ ¿ Que importancia tendrá dentro de mil años como fueron realmente estos hombres?’’; o la de Picasso a Gertrude Stein en la que asegura a la modelo que con el tiempo va alcanzar su verdadera semejanza física al retrato por él pintado.

Pero también, más allá de la ironía surgida en defensa de la autonomía de la práctica artística ante las exigencias de un mayor rigor mimético con el modelo, el retrato alcanza en determinados momentos históricos una intensidad pocas veces lograda por otros géneros. La serie de autorretratos de Rembrandt, por ejemplo, es uno de los más honestos gestos de autoconciencia sobre devenir mutante de un rostro.

De tal manera, Arte y Vida, es decir, artificio y existencia, encuentran en el retrato y el autorretrato fecundos intercambios conceptuales sobre las condiciones y limitaciones entre modelo y representación, entre sujeto retratado, expresión subjetiva del artista y el conflicto del parecido.

Paradójicamente, uno de los aportes de la fotografía a la producción contemporánea, ha sido la capacidad de acentuar estos interrogantes al incorporar la experiencia temporal de lo instantáneo y la condición efímera de nuestra visualización del mundo y de los nuevos sujetos que someten su rostro anónimo a ser retratado y difundido por las redes sociales de Internet.

La obra de los artistas convocados por Pasaje manifiesta la compleja trama en la que la práctica artística actual asume esta problemática e incorpora renovados puntos de vista a la misma.
Algunos de ellos parten del registro fotográfico y en el proceso de mediación pictórica incorporan el recuerdo personal infantil o familiar transformado por el tiempo o por la misma práctica expresiva, otros recurren al registro de la memoria o a la manipulación tecnológica del Photoshop, algunos ponen el acento en la indagación biográfica, recontextualizando imágenes e historias, y otros eluden todo posible relato, poniendo el énfasis en la precariedad de toda posible figuración naturalista. Sin embargo, en todos ellos, la condición humana, por presencia o ausencia, resume el intrigante discurso sobre nosotros mismos y aquello que creemos o deseamos ser.

Héctor Medici
Marzo 2010


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